Sesgo de negatividad: Cómo prestar adecuada atención a lo que nos hace mal


Sesgo de negatividad: Cómo prestar adecuada atención a lo que nos hace mal - Mauricio Cohen Salama

El juicio equilibrado no es algo que producimos de manera espontánea. Por el contrario, damos habitualmente una importancia desproporcionada a lo que no nos gusta, nos atemoriza o nos parece mal.

Así, al evaluar lo que hacemos o el desempeño de otros, solemos tomar como punto de partida lo que nos molesta o perturba por el motivo que sea, para recién en una segunda o tercera instancia dar cierto crédito a los rasgos favorables.

Algo similar sucede, dicho sea de paso, en las relaciones amorosas, motivo por el cual los especialistas en la materia observan que las más duraderas son aquellas donde los comentarios elogiosos y las acciones amables de ambas partes superan en proporción de 4 a 1 a las quejas y desatenciones. De este modo, dicen los expertos, nuestra tendencia a dar mayor valor a lo que nos incomoda se compensa con al menos cuatro gratificaciones.

Conscientes de esta inclinación, llamada sesgo de negatividad, los editores de informativos televisivos hacen subir el rating de sus programas adoptando un enfoque que pone el acento en alarmas y eventuales amenazas.

Las noticias positivas, aseguran estos profesionales, no captan con tanta ensidad la atención del público. También sacan provecho del sesgo de negatividad los líderes políticos, que suelen dedicar una parte sustancial de su discurso a describir las circunstancias sombrías que sobrevendrán en el caso de que resulte elegido un adversario.

Lo cierto es que el miedo a morir, a que nos lastimen o a perder lo que tenemos, desarrollado a lo largo de milenios de evolución biológica en escenarios mucho más hostiles que el actual, hace que prestemos exagerada atención a todo lo que podría ser malo. Además, esta disposición agudiza el interés por las calamidades que padecen otras personas con el propósito de extraer toda la enseñanza posible para que a nosotros no nos suceda lo mismo.

Lo inadmisible

Una variante particular del sesgo de negatividad suele aparecer cuando una persona comete un error evidente en su desempeño. La invade entonces un agudo malestar que la lleva a sobrestimar la falta y hasta a creer que el traspié pone en cuestión su idoneidad profesional.

En ese estado de ánimo, que no admite atenuantes de ninguna clase, es frecuente dar preponderancia al incidente en que se olvidó algo frente a todas las veces en que las cosas se hicieron bien, o a la crítica justificada y punzante antes que a los reconocimientos recibidos a lo largo de años, o a la negociación torpe y equivocada que sobrevino tras una larga trayectoria de acuerdos exitosos.

En ocasiones, la negatividad de la persona que cometió el error es compartida, a causa del mismo sesgo, por su jefe y por sus colegas. Sin más, juzgan que la falta en cuestión revela una incompetencia intrínseca que inhabilita a quien la cometió a continuar en el cargo.

En consecuencia, se procede a una sanción o incluso a un despido que tiene mucho de ritual, pues no proviene de un análisis equilibrado del desempeño sino de la pretensión del grupo de proclamar lo que considera inadmisible o, dicho de otro modo, de alejar mediante un sacrificio a los malos espíritus.

Dado que la validez de estos actos ejemplarizadores es por demás dudosa, es necesario que veamos ahora con qué recursos contamos para evitar el sesgo de negatividad tanto a nivel individual como colectivo.

Una pausa para evaluar

Como sucede con el enojo, la frustración y otras emociones que es necesario gestionar, resulta inconveniente tomar decisiones o actuar a partir del malestar provocado por el sesgo de negatividad.

Antes bien, es indispensable ser consciente de que se trata de una reacción automática, que necesita un tratamiento especial para que logremos darle un marco de referencia adecuado. Para ello, es oportuno hacer una pausa para respirar profundamente durante un par de minutos con el propósito de atenuar la intensidad de la emoción. Luego, ya en mejores condiciones anímicas, llegará la ocasión de dar al error cometido su verdadera dimensión.

Para que esta última evaluación tenga verdadera utilidad, debemos tomar en consideración todos los datos relevantes con el objetivo de establecer si se trata de una excepción, de un traspié que tenía algunos antecedentes a los que no se les prestó atención, de la expresión de una vulnerabilidad que conviene remediar, de una circunstancia adversa para la cual no se contaba con suficiente preparación, o de algún otro escenario.

En cualquier caso, un análisis de estas características lo que busca es poner en contexto lo sucedido para aprender y mejorar cuando se trata del propio desempeño o para hacer una crítica constructiva hacia un colega. Desde esta perspectiva, los sacrificios ante la deidad obtusa de la infalibilidad quedan descartados.

Liderazgo

Si bien es posible y recomendable contrarrestar el sesgo de negatividad a nivel individual, estas acciones lograrán adquirir mayor efectividad y alcance cuando sean consistentes con la cultura de la organización.

En ese nivel de intervención, es fundamental el rol de quien lidera, ya que sus hábitos y conducta resultan siempre una guía segura, tanto explícita como implícita, para el conjunto.

Un o una líder que, luego de señalar lo que se hizo mal, es capaz de ponerlo en el contexto de los buenos resultados obtenidos para dar finalmente una recomendación superadora estará sentando las bases de un funcionamiento centrado en mejorar el desempeño.

A su vez, estar al tanto de que lo malo influye más que lo bueno, permitirá al o la líder reforzar el reconocimiento de los logros de manera tal de evitar que la moral de la organización decaiga ante las críticas o los contratiempos, y de alentar la confianza para tomar riesgos cuando estos puedan dar beneficios sustanciales. Persistir, tanto con hechos como con palabras, en esta dirección servirá para neutralizar la propensión irracional a la cautela, a las actitudes conservadoras y a la sobrevaloración de los contratiempos.

Por otra parte, diversos estudios muestran que las opiniones que expresan decepción son más escuchadas y valoradas que aquellas que manifiestan optimismo, las cuales suelen ser prejuzgadas como menos creíbles o ingenuas. Promover una comunicación interna convincente con el propósito de que los miembros de la organización adopten un optimismo fundamentado es quizá la tarea más desafiante y decisiva para evitar la mala influencia del sesgo de negatividad.

Referencias

Margie Warrell, "Is Negativity Bias Sabotaging Your Success?", Forbes, 20/09/2017, disponible en https://www.forbes.com/sites/margiewarrell/2017/09/30/combat-negativity-bias/?sh=15293deb34a8 (consulta 16/01/2021).

Jill Suttie, "How to Overcome Your Brain's Fixation on Bad Things", Greater Good Magazine, 13/01/2020, disponible en https://greatergood.berkeley.edu/article/item/how_to_overcome_your_brains_fixation_on_bad_things?utm_source=Greater%20Good%20Science%20Center&utm_campaign=607adf36ad-EMAIL_CAMPAIGN_GG_Newsletter_Jan_14_2020&utm_medium=email&utm_term=0_5ae73e326e-607adf36ad-50922235 (consulta 16/01/2021).

Bill Taylor, “Don´t Let Negativity Sink Your Organization”, Harvard Business Review, 17/02/2020,  HYPERLINK "https://hbr.org/2020/02/dont-let-negativity-sink-your-

Mauricio Cohen Salama

Mauricio es Coach Ejecutivo y consultor en Desarrollo Organizacional. Publica regularmente en el blog mauriciocohensalama.com. Es autor del libro Ser jefe/a en el siglo XXI: Conocimientos clave para tomar decisiones y mejorar el desempeño de tu equipo de trabajo, que se puede descargar gratis desde este link.

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