El poder del “no sé”: Humildad y apertura para evitar los males del exceso de confianza


El poder del “no sé”: Humildad y apertura para evitar los males del exceso de confianza - Mauricio Cohen Salama

En febrero de 2017 el humorista argentino Tute publicó un dibujo en La Nación Revista que mostraba a un señor de bigotes y camisa blanca sentado a un escritorio frente a otro hombre que estaba de visita para hacer algún tipo de consulta. Detrás del anfitrión había una inmensa pared cubierta de diplomas académicos que certificaban sus numerosos logros y su calidad de experto. No obstante esa abrumadora demostración, el señor de bigotes se limitaba a responder “no sé” ante la mirada afligida de su interlocutor. La publicación del dibujo en la cuenta de Twitter del humorista recibió cientos de likes y retuits, además de comentarios sobre la necesidad de que nos atrevamos a reconocer lo que no sabemos.

En realidad, luego de largos años de educación formal en los cuales decir “no sé” equivalía a estar reprobado, hemos incorporado la creencia de que siempre es preferible improvisar algo a confesar el desconocimiento, ya que en el contexto de un examen el cero por admitir la ignorancia no está mejor considerado que la misma calificación por decir cualquier cosa. Y por ahí, quién te dice, recurrimos a nuestra imaginación y por esas coincidencias de la vida, terminamos respondiendo algo que se parece a una respuesta correcta y nos sirve para zafar. De hecho, las anécdotas que refieren casos en los que el ingenio logró salir airoso ante una pregunta indescifrable circulan por colegios secundarios y facultades de todo el mundo.

 

Hablemos sin saber

Si los intentos de improvisar algo —de “chamuyarla”, según el argot de los estudiantes de Buenos Aires— se limitaran a las mesas de examen, la cuestión no pasaría de ser una nota de color en una etapa de la vida o, incluso, un recurso válido ante la rigidez que aún exhibe nuestro sistema educativo. Sin embargo, las conductas incorporadas a edades tempranas terminan arraigándose en las personas, que más tarde suelen reproducirlas sin cuestionarse ese proceder ni reflexionar al respecto. Así, cuando ya hemos olvidado buena parte de la información que aprendimos en las aulas, es frecuente que conservemos un rechazo visceral a confesar que no sabemos algo y pretendamos abarcar a las apuradas más de lo que está a nuestro alcance.

Para colmo de males, los conductores y panelistas de los programas de interés general que se emiten por televisión, con su necesidad de parecer competentes y perspicaces ante el público, se atreven a abordar una gran variedad de temáticas con expresiones rotundas, severos reproches y conocimientos limitados cuando no escasos. Ante la multiplicación de personalidades que no cejan en la pretensión de saberlo todo aun sin contar con una preparación atendible, la improvisación audaz se ha transformado en un recurso habitual en cualquier debate. A tal punto, que en el programa cómico “Peligro: Sin codificar”, conducido por Diego Korol, hubo durante años una sección que satirizaba esa práctica y llevaba por título “Hablemos sin saber”.

 

Mentalidad de crecimiento

Mientras se mantiene en el terreno de la persuasión, ya sea de profesores o de televidentes, la tendencia a hablar sin saber puede tomarse como parte de un intercambio cuyos efectos negativos o bien son limitados o no se advierten de inmediato. En cambio, cuando esa modalidad se abre paso en las organizaciones, los resultados suelen ser lamentables. Proyectos que se abandonan a mitad de camino, equipos que se reestructuran contra reloj, predicciones que nada tienen que ver con la realidad y decisiones que causan efectos inesperados, son algunas de las temibles consecuencias de que una o varias personas no se atrevieran a admitir lo que no sabían a su debido tiempo.

Intrigada por los efectos que tienen el exceso de confianza y la humildad a la hora de procesar información, la psicóloga e investigadora estadounidense Tenelle Porter llevó a cabo experimentos para verificar cuál de las dos actitudes es más productiva. La respuesta no era obvia, dado que algunos científicos notables consideran que el progreso se da a menudo como consecuencia de una convicción irracional en las propias ideas, creencia que podríamos resumir en la frase tantas veces escuchada “no me preguntes por qué, pero sé que tengo razón en esto”.

Las conclusiones de Porter no dejan lugar a dudas: salvo quizá para unas pocas personas geniales, la humildad genera más interés por aprender y mejores resultados a la hora de procesar información. Además, la humildad está por lo general asociada a una postura que se denomina “mentalidad de crecimiento” (growth mindset), la cual implica evaluar la propia capacidad intelectual no como algo dado desde el nacimiento sino como una competencia a desarrollar a lo largo de la vida. Desde ese punto de vista, el aprendizaje es un recurso debidamente valorado y de carácter permanente.

 

Lo que no sé que no sé

Hasta aquí las ventajas de evitar la improvisación audaz en favor de la admisión de la propia ignorancia, que siempre da inicio a una búsqueda de datos y soluciones reales. Esta actitud resulta crucial para los cargos ejecutivos, ya que en esa posición, como señalamos antes, el exceso de confianza puede tener consecuencias desastrosas. Para quienes advierten esto, adoptar una mentalidad de crecimiento requiere una buena dosis de iniciativa, dado que siempre hay una serie de conocimientos que no sabemos que no sabemos. En ese terreno, en el cual no somos capaces de advertir nuestra ignorancia, corremos el riesgo de actuar de un modo imprudente sin quererlo o incluso creyendo que hemos hecho todas las verificaciones a nuestro alcance.

La única manera de explorar lo que no sabemos que no sabemos es mantener una actitud abierta, que dé un rol preponderante a la curiosidad. Se trata a menudo de un ejercicio que no da resultados inmediatos o en todos los casos. No obstante, nos permite tomar conciencia de nuestras limitaciones para salir en busca de recursos que desconocemos con el propósito de lograr objetivos que todavía no hemos definido como tales. ¿Suena raro? Sin embargo, buena parte de las grandes innovaciones de todos los tiempos provienen de personas que no se conformaron con entender y profundizar dentro de su zona de confort sino que fueron capaces de incursionar en áreas menos amigables y de sacar provecho de esas indagaciones.

 

Referencias

Tute, “No sé”, Twitter, 05/02/2017, disponible en https://twitter.com/Tutehumor/status/828405114046128128 (consulta 26/02/2019).

Tenelle Porter, “The Benefits of Admitting When You Don't Know”, Behavioral Scientist, 30/04/2018, disponible en http://behavioralscientist.org/the-benefits-of-admitting-when-you-dont-know/ (consulta 26/02/2019).

Lolly Daskal, “Leadership: What We Don't Know We Don´t Know”, Lolly Daskal, Mayo 2014, disponible en https://www.lollydaskal.com/leadership/leadership-what-we-dont-know-we-dont-know/ (consulta 26/02/2019).

Mauricio Cohen Salama

Mauricio es Coach Ejecutivo y consultor en Desarrollo Organizacional. Publica regularmente en el blog mauriciocohensalama.com. Es autor del libro Ser jefe/a en el siglo XXI: Conocimientos clave para tomar decisiones y mejorar el desempeño de tu equipo de trabajo, que se puede descargar gratis desde este link.

Ver más notas y consejos de Mauricio Cohen Salama.
navigate_next Siguiente

¿Querés ser el primero en descubrir todas las novedades?

Suscribite YA y recibí información con el mejor contenido, empresas y oportunidades laborales.