Lenguaje corporal: Comprender bien lo que no se dice


Lenguaje corporal: Comprender bien lo que no se dice - Mauricio Cohen Salama

En toda reunión de trabajo, ya sea que se trate de un intercambio sobre un asunto determinado o de la exposición ante un equipo de un nuevo proyecto, hay por los menos dos niveles de comunicación que conviene tener en cuenta. El primero y más obvio es el nivel de lo que se dice.

En este nivel se debatirán argumentos, que pueden tener mayor o menor consistencia, y se buscará llegar a un acuerdo sobre evaluaciones subjetivas, en las cuales la intuición o el gusto juegan un rol preponderante. El segundo nivel de comunicación corresponde a aquello que no se dice, pero que de algún modo se deja trascender o se expresa involuntariamente.

En las organizaciones donde se dirige a través del miedo, lo que no se dice adquiere una enorme importancia, ya que las personas evitan dar sus opiniones con franqueza y buena parte de lo que piensan se transmite a través de gestos y actitudes. Pero aun en los ambientes abiertos y participativos ese nivel de comunicación tiene gran relevancia. En esos contextos, cuestiones tales como la competencia entre pares y la oportunidad llevan a las personas a gestionar las evaluaciones que hacen públicas y aquellas que mantienen en reserva.

En consecuencia, también en esas circunstancias es conveniente prestar atención al lenguaje corporal.

Gestos y actitudes típicas

Un repaso de la interpretación habitual de algunos gestos típicos nos va a venir bien como introducción a esta temática. Cruzarse de brazos con gesto adusto suele estar relacionado con una actitud defensiva, de resistencia o cerrazón ante una propuesta novedosa. A su vez, expresar cansancio en la manera de sentarse, ya sea encogiéndose con los hombros o echándose hacia atrás, es señal de escepticismo o hartazgo hacia lo que se está diciendo.

El desinterés o incluso el desprecio por opiniones o comentarios se revela a través del uso del móvil, tanto para enviar mensajes como para visitar —peor aún— la página de algún medio periodístico o las redes sociales. Esta misma actitud puede quedar en evidencia a través de otro tipo de distracciones, todas las cuales implican no prestar atención sin ninguna clase de rodeos a quien está en uso de la palabra. Por otra parte, el entusiasmo y el interés son relativamente fáciles de detectar, aunque, claro, siempre puede darse el caso de que sean inauténticos. Se expresan por medio de una mirada atenta, una buena postura con el torso inclinado levemente hacia adelante, gestos de asentimiento en algunos pasajes, y el tomar notas para hacer luego comentarios basados en ellas.

Cómo observar

Si bien hay un vasto catálogo de gestos y actitudes con sus respectivos significados, que son siempre probables y nunca proveen una decodificación completamente segura, en la gran mayoría de los casos basta con tener en cuenta la necesidad de observar el lenguaje corporal para advertir qué es lo que está expresando. Ser conscientes de que si nos atenemos solo a las palabras nos perdemos buena parte de la información de interés, es suficiente para que empecemos a registrar el comportamiento de cada uno de los presentes, y las afinidades, cercanías y distancias entre ellos. En realidad, solo las personas muy entrenadas en esta materia son capaces de usar la teoría disponible para interpretar adecuadamente gestos y actitudes.

En este como en otros terrenos, la pretensión de razonar como un especialista sin serlo nos aleja de la información útil y puede llevarnos a cometer errores de cierta envergadura. Por eso, en lugar de tratar de emular al doctor Carl Lightman, encarnado por Tim Roth en la serie Lie to me, o de apoyarnos en artículos o manuales que proponen equivalencias fáciles y mecánicas, es preferible estar atentos y dejar que nuestra experiencia emocional nos proporcione la información que estamos buscando, dado que estamos por lo general bien dotados para advertir el humor de otros con solo prestar atención a su lenguaje corporal. Hipótesis a verificar Así como resulta errado soslayar la información que no proviene de las palabras, es igualmente desacertado tomar por verdaderas e incuestionables nuestras impresiones.

En ocasiones, luego de una reunión o de la exposición de un proyecto, la necesidad de contar con algunas certezas alentadoras nos puede llevar a llenar los espacios vacíos con observaciones exageradas y carentes de fundamento. Pasa entonces que el deseo por obtener un determinado resultado oscurece nuestra capacidad de percepción o enturbia las conclusiones que sacamos a partir de nuestra observación.

También puede suceder que ante gestos ambiguos o neutros, cedamos a la tentación de darles un significado que consideramos funcional para tomar una decisión, sea esta favorable o desfavorable. En estos casos, la ansiedad está inclinando la balanza en un sentido o en el otro, dejando nuestro interés por decodificar el lenguaje corporal en un segundo  plano y transformándolo en un ejercicio de escasa o nula utilidad. Una manera segura de evitar los sesgos provenientes del deseo por obtener un resultado y de la ansiedad es evitar la adhesión a interpretaciones que no han sido sometidas a alguna clase de verificación o confirmación.

De hecho, al observar el lenguaje corporal no estamos recabando datos sino elaborando hipótesis que luego tendremos que poner a prueba. En algunos casos, lo haremos con nuestros colegas, con los cuales chequearemos si, por ejemplo, en una negociación con un cliente o un proveedor ellos percibieron lo mismo que nosotros acerca de los gestos y las actitudes de la otra parte. Cuando sea posible, podemos recurrir a la pregunta directa, tomando la precaución de hacerlo con discreción y el debido respeto. Así, podremos verificar si el desinterés percibido tiene causas personales o profesionales, o si las manifestaciones de escepticismo provienen de una desconfianza en el proyecto presentado o de un historial de promesas incumplidas, o si las actitudes defensivas son la consecuencia de un desafío atemorizante o de una amenaza preexistente de otras características.

 

Referencias Rebecca Knight, “Tips for Reading the Room Before a Meeting or Presentation”, Harvard Business Review, 10/05/2018, disponble en https://hbr.org/2018/05/tips-for-reading-the-room-before-a-meeting-or-presentation (consulta 15/09/2019).

Katherine Noel, "The 5 worst body language mistakes you can make in a meeting", Business Insider, 25/03/2016, disponible en https://www.businessinsider.com/meeting-body-language-mistakes-2016-3 (consulta 15/09/2019).

Steve Harvey, "Body language in business: Decoding the signals", Fabrik, 04/01/2019, disponible en https://fabrikbrands.com/body-language-in-business/ (consulta 15/09/2019).

Mauricio Cohen Salama

Mauricio es Coach Ejecutivo y consultor en Desarrollo Organizacional. Publica regularmente en el blog mauriciocohensalama.com. Es autor del libro Ser jefe/a en el siglo XXI: Conocimientos clave para tomar decisiones y mejorar el desempeño de tu equipo de trabajo, que se puede descargar gratis desde este link.

Ver más notas y consejos de Mauricio Cohen Salama.
navigate_next Siguiente

¿Querés ser el primero en descubrir todas las novedades?

Suscribite YA y recibí información con el mejor contenido, empresas y oportunidades laborales.