Sesgos y distorsiones cognitivas: Algunas recomendaciones para pensar mejor


Sesgos y distorsiones cognitivas: Algunas recomendaciones para pensar mejor - Mauricio Cohen Salama

Psicólogos sociales destacados como Daniel Kahneman, Amos Tversky, Dan Ariely y otros, han llamado la atención sobre nuestra preferencia por basarnos en reglas prácticas para tomar la mayoría de las decisiones. Por ejemplo, para comprar un producto solemos considerar un indicio de calidad que esté bien presentado o que haya sido recomendado por alguien famoso que nos cae bien o que el vendedor o la vendedora nos parezcan agradables y honestos.

A menudo, hacemos estas evaluaciones de un modo automático y sin reparar en el mecanismo que está detrás de la confianza que nos inspiran. Lo que estamos ganando cuando actuamos de ese modo, es tiempo y energía, recursos estos que reservamos de manera espontánea para reflexionar sobre asuntos que consideramos más importantes.

La descripción de estas reglas prácticas, que en el lenguaje técnico se denominan “sesgos cognitivos”, varía según el punto de vista desde el cual las examinamos. Para el psicólogo alemán Gerd Gigerenzer se trata de recursos indispensables para la vida que no tiene mayor sentido cuestionar. Kahneman y otros, en cambio, prefieren señalar los casos en los cuales estas evaluaciones rápidas fallan y las manipulaciones que, basándose en ellas, pueden intentar otras personas para inducirnos a tomar decisiones inconvenientes.

 

Encuadre y anclaje

Veamos ahora un par de ejemplos sobre cómo pueden ser utilizados algunos de los sesgos cognitivos más habituales para influir en las personas. Dada nuestra tendencia a evaluar la información que recibimos en base a ideas y valoraciones contextuales —sesgo denominado “efecto encuadre”—, puede ocurrir que la persona o entidad que nos comunica los datos trate de generar al mismo tiempo un marco de referencia interpretativo, con el propósito de favorecer ciertos juicios por sobre otros. Este recurso, que es muy frecuente en los medios de comunicación y en los discursos políticos, suele ser efectivo, a menos que tomemos conciencia de la maniobra y hagamos el esfuerzo de separar la paja del trigo.

 

Otra manera de inducir una conducta determinada a través de la presentación de la información se basa en sacar provecho del “efecto anclaje”. Este sesgo se verifica al recibir un primer dato inicial destacado, a partir del cual solemos razonar y hacer comparaciones. Así, si nos comunican con cierta autoridad que un artículo o un servicio tiene un precio dado, estaremos predispuestos a considerar ventajosa toda operación comercial que supere en calidad o precio ese dato inicial, que en algunos casos puede ser parte de una estrategia de venta montada con el propósito de orientar nuestra elección final hacia otra opción.

 

Creencias disfuncionales

Señalamos al principio que los sesgos cognitivos tienen utilidad para hacernos ganar tiempo y energía. Cierto es que conviene estar alertas para que ese ahorro no nos lleve a tomar decisiones equivocadas, como las apuntadas cuando alguien quiere sacar provecho de los efectos encuadre, anclaje u otros. Pero si tomamos las debidas precauciones y permanecemos alertas ante los intentos de manipulación, tenemos a disposición buenos indicios para actuar con rapidez y un nivel aceptable de certeza.

Distinto es el caso de las distorsiones cognitivas, que son simplificaciones a las que recurrimos cuando la complejidad de los problemas que tenemos que afrontar nos supera y nos afecta psicológicamente. Como consecuencia de ese malestar, surgen creencias disfuncionales que si bien actúan como paliativos momentáneos, terminan a menudo empeorando las cosas, pues tienen como finalidad calmar la angustia y no son adecuadas para guiar la toma de decisiones eficaces.

 

Son ejemplos habituales de distorsiones cognitivas considerar las opciones disponibles como excluyentes, generalizar o sacar conclusiones a partir de información insuficiente, tomar un detalle negativo y juzgarlo decisivo, desestimar los aspectos positivos, exagerar los peligros y amenazas, acusar o sentirse acusado, dar valor de verdad a las emociones, creerse capaz de percibir las intenciones de otros, y sobrestimar el valor de la intuición.

 

Una pausa para reflexionar

La principal recomendación para evitar que los sesgos cognitivos nos lleven a tomar una decisión equivocada es dedicar tiempo y reflexión a las decisiones importantes. Por tratarse de reglas prácticas que sirven para resolver rápido a través de indicios, el solo hecho de hacer una pausa bastará para que entren en juego mecanismos no automáticos, que nos permitirán razonar acerca de la problemática a resolver valiéndonos de otros recursos.

No obstante, hacer una pausa para reflexionar no es suficiente para que nos libremos de las distorsiones cognitivas, pues estas no provienen de la necesidad de ahorrar energía sino que son el producto del temor y la angustia que nos provoca la complejidad. Dado que justamente estas emociones suelen aparecer de un modo u otro cuando tenemos que tomar decisiones importantes, bien puede suceder que nos propongamos reflexionar para evitar caer en la trampa de los sesgos cognitivos y obtengamos luego un argumento basado en distorsiones que terminarán afectando negativamente el resultado final.

En consecuencia, una vez que tomamos conciencia de la importancia de la decisión y nos disponemos a reflexionar sobre ella, conviene tener en cuenta las siguientes recomendaciones para mejorar la calidad del razonamiento:

 

- Revisar la definición de las palabras que utilizamos. Las distorsiones cognitivas suelen dar por supuestas muchas generalizaciones y conclusiones, tanto a nivel personal como acerca de diferentes temáticas, que no resisten un examen concienzudo caso por caso. Desembarazarse de estos juicios sin fundamento es un buen primer paso.

- Evaluar peligros y amenazas desapasionadamente. Envueltos en la defensa de nuestro interés, ya sea frente a otros o en una conversación interna, solemos dramatizar las consecuencias perniciosas de determinados escenarios. Llegado un punto, la repetición de esa postura nos termina convenciendo y comienza a contaminar nuestro propio pensamiento.

- Poner todo por escrito. La escritura, al exigir claridad, activa nuestros mejores recursos lógicos y expresivos. Por eso, el ejercicio de poner por escrito lo que pensamos nos va a servir para detectar y descartar una gran variedad de conceptos y enunciados falaces.

 

 

Referencias

Matías S. Zavia, “10 sesgos cognitivos que manipulan tu opinión sin que te des cuenta (y cómo evitarlos)”, gizmodo, 18/04/2016, disponible en https://es.gizmodo.com/10-sesgos-cognitivos-que-manipulan-tu-opinion-sin-que-t-1771587034 (consulta 30/12/2019).

 

Courtney E. Ackerman, “Cognitive Distorsions: When Your Brain Lies To You”, PositivePsychology.com, 12/05/2019, disponible en https://positivepsychology.com/cognitive-distortions/ (consulta 30/12/2019).

Mauricio Cohen Salama

Mauricio es Coach Ejecutivo y consultor en Desarrollo Organizacional. Publica regularmente en el blog mauriciocohensalama.com. Es autor del libro Ser jefe/a en el siglo XXI: Conocimientos clave para tomar decisiones y mejorar el desempeño de tu equipo de trabajo, que se puede descargar gratis desde este link.

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