Calmar el ego: Una moderación necesaria para alcanzar mejores resultados


Calmar el ego: Una moderación necesaria para alcanzar mejores resultados - Mauricio Cohen Salama

Cuando terminé el colegio secundario, hace más de 40 años, me asocié con un amigo de mi padre para poner un comercio de venta de vajilla, cubertería y otros artículos de bazar. Mi socio, que era un entendido en la materia, conocía un buen número de proveedores mayoristas, a los que yo visitaba regularmente para comprar la mercadería que luego ofreceríamos al público. Nuestra postura hacia los proveedores resultó para mí, un neófito en el arte de comprar para vender, bastante fácil de captar. Se trataba de estimar ante cada oferta nuestro margen, que comprendía la ganancia y el proporcional de los gastos fijos, y preguntarse luego si el precio resultante podía ser aceptable para nuestra clientela.

Sin embargo, la claridad de las cuentas que debíamos hacer no me ponía a salvo de propuestas enérgicas, en las cuales los vendedores describían a viva voz las bondades de tal o cual producto, que según ellos se vendería como “pan caliente” y se agotaría en pocas horas (“te lo sacan de la mano”, aseguraban). Por entonces, me llamaba la atención el tono agresivo y desafiante de los vendedores, que consideraba equivocadamente como reñido con el objetivo que buscaban. También me sorprendía que en ocasiones terminaba comprando algo que tenía un margen estrecho, no porque me convencieran sino para demostrar que no tenía miedo de fracasar. Así, en lugar de cuidar mi negocio, cedía a la tentación de hacer gala de una supuesta fortaleza o, como suele decirse, de alimentar mi ego.

Ego y autoestima

El concepto de “ego” se ha ganado un lugar en las conversaciones de todas las personas. Más allá de sus orígenes como parte del esquema freudiano de interpretación de la conducta, donde era una suerte de árbitro entre el deseo y los ideales sociales internalizados, hoy nos referimos al ego para señalar cierta tendencia a exigir aceptación y a desestimar las críticas. Por eso, cuando sostenemos que una persona tiene mucho ego o que se dejó llevar por el ego hacemos referencia a un comportamiento guiado principalmente por una necesidad de aprobación de su identidad, sin tener demasiado en cuenta otros aspectos de la situación.

A diferencia del ego, que está siempre reclamando atención y validación de los otros, la autoestima es la evaluación que hacemos de nosotros mismos. Mientras el ego se siente gratificado cuando las personas que nos rodean nos elogian o nos dan su consentimiento, la autoestima es el resultado de la confianza que tenemos en nuestros recursos y en nuestra capacidad de salir adelante en diferentes circunstancias. Así las cosas, una autoestima alta y bien constituida será menos dependiente de la valoración externa, y una autoestima insegura reforzará la necesidad de recibir elogios y percibirá las críticas como ataques personales.

Esta dinámica entre autoestima y ego es un esquema que sirve como guía general para la interpretación de la conducta, pues nos permite comprender por qué algunas personas son más seguras que otras. Sin embargo, no es atinado llevar esta relación hasta sus últimas consecuencias, dado que ninguno de nosotros tiene tanta autoestima como para prescindir por completo del ego ni tan poca como para depender enteramente de la aprobación de otros.

Un mal consejero

Establecido entonces que todos, en mayor o menor medida, tenemos necesidad de aprobación, estamos ahora en condiciones de volver a considerar algunas de las compras que hacía para mi bazar siendo un joven inexperto. A la luz de los conceptos referidos, advertimos que con tal de dar una apariencia ante los vendedores mayoristas de emprendedor audaz y seguro, yo terminaba aceptando productos que tenían un margen estrecho y hacían más difícil la marcha de mi comercio.

Prestar demasiada atención al ego no solo resultó inconveniente para mí. Tal como señala la consultora estadounidense Patti Johnson, las personas que se dejan llevar por el ego suelen desarrollar las siguientes actitudes, que son nocivas para la marcha de los negocios:

- Interpretan la necesidad de aprendizaje como una debilidad y tienden a sobrestimar amenazas y riesgos.

- Se embarcan en batallas personales en las que pierden de vista el interés de la organización.

- Solo prestan atención a las definiciones de éxito provistas por otros sin tener en cuenta su propio criterio.

En todos estos casos, la necesidad de aprobación conspira contra la eficacia y la eficiencia. Además, dificulta el diseño de planes y estrategias valiosos a mediano y largo plazo, pues para complacer al ego, que siempre se nutre del presente, importará más el aspecto de un proyecto y el impacto de su presentación que el desarrollo de su contenido.

Una trampa para jefes

Quienes están en una posición de poder son especialmente vulnerables a los excesos del ego. Si se ejerce el cargo a partir de una concepción de la dirección de equipos basada en premios y castigos, la persona en cuestión notará que sus colaboradores le prestan una atención diligente, le dan la razón de manera habitual y hasta le festejan los chistes. En ese contexto de constante aprobación, es tentador caer en la trampa de empezar a dar crédito a esos comentarios y desestimar el necesario debate que está en el origen de las decisiones de calidad.

Modificar un entorno de esas características es difícil y requiere cambios profundos, ya que la orientación a satisfacer el ego del jefe no se debe a características personales de los subordinados sino que es la consecuencia de un sistema de funcionamiento establecido desde arriba. Una primera medida que puede encauzar las cosas en otra dirección consiste en que el jefe se proponga calmar el ego, esto es, tomar conciencia de que la aprobación que recibe carece de verdadero sustento y empezar a valorar toda la información que permanece oculta detrás de las alabanzas de rutina. La apertura a otros puntos de vista y la toma de decisiones luego de un proceso de indagación y consulta en el cual la posición jefe no sea evidente, son los primeros pasos a seguir para que la vanidad no se interponga en la obtención de mejores resultados.

Referencias

Scott Barry Kaufman, “The Pressing Need for Everyone to Quiet Their Egos”, Scientific American, 21/05/2018, disponible en https://blogs.scientificamerican.com/beautiful-minds/the-pressing-need-for-everyone-to-quiet-their-egos/ (consulta 26/03/2019).

Patti Johnson, “5 Ways Your Ego Could Kill Your Business”, Fast Company, 03/06/2015, disponible en https://www.fastcompany.com/3046831/5-ways-your-ego-could-kill-your-business (consulta 26/03/2019).

Rasmus Hougaard y Jacqueline Carter, “Ego Is the Enemy of Good Leadership”, Harvard Business Review, 06/11/2018, disponible en https://hbr.org/2018/11/ego-is-the-enemy-of-good-leadership (consulta 26/03/2019).

Mauricio Cohen Salama

Mauricio es Coach Ejecutivo y consultor en Desarrollo Organizacional. Publica regularmente en el blog mauriciocohensalama.com. Es autor del libro Ser jefe/a en el siglo XXI: Conocimientos clave para tomar decisiones y mejorar el desempeño de tu equipo de trabajo, que se puede descargar gratis desde este link.

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