Burnout: Más vale prevenir que curar


Burnout: Más vale prevenir que curar - Mauricio Cohen Salama

El burnout, denominado en castellano como síndrome de desgaste profesional, es una dolencia que tiene origen en el estrés crónico en el trabajo. Dado que el síndrome atraviesa distintas etapas en las cuales se manifiesta a través de una variedad de síntomas, no hay estadísticas precisas acerca de la cantidad de personas que lo padecen. No obstante, podemos asegurar que un porcentaje considerable de las personas que trabajan —que varía, de acuerdo con distintas fuentes, entre el 30 y el 50 %— está sometida a estrés laboral y, por lo tanto, corre el riesgo de enfermarse. Además, hay profesiones, como la docencia o la atención de la salud, en las cuales la cantidad de casos suele ser mayor que el promedio.

En su etapa final, el burnout produce un gran cansancio emocional, junto a una sensación de indiferencia y apatía generalizadas. Llegado este punto, la persona necesitará suspender su actividad laboral e iniciar un tratamiento prolongado y costoso para lograr recuperarse. Teniendo en cuenta esto, resulta claro que tanto para las organizaciones como para sus integrantes es preferible tomar medidas preventivas. Con ese propósito, vamos a tratar de comprender el tipo de mentalidad que está detrás de los casos de burnout, y las señales a las cuales conviene prestar atención. Finalmente, señalaremos qué pueden hacer las organizaciones para proteger a sus integrantes.

La paradoja del compromiso mal entendido

Si bien una persona que sufre burnout parece ser lo opuesto de alguien comprometido con su trabajo —esto es, que está interesado en lo que hace y lleno de energía—, en la mayoría de los casos la enfermedad comienza a desarrollarse como consecuencia de un compromiso inicial de gran intensidad que provoca con el correr del tiempo un serio desgaste.

Por ejemplo, en un ambiente caótico, donde no se logra despachar en tiempo y forma la carga de trabajo diaria, una persona asume sin contar con los recursos necesarios la responsabilidad de sacar la tarea adelante y termina, en consecuencia, haciendo un esfuerzo que está por encima de sus posibilidades. Otro caso: en un contexto de escasas oportunidades, un trabajador que se siente relegado se pone metas muy elevadas de rendimiento para destacarse entre sus pares; de este modo, se somete a una dura exigencia, que le ocasiona una tensión permanente.

Lo que muestran estos ejemplos y otros análogos es que en la gestación del síndrome de burnout hay al principio una decisión de hacer mucho sin importar el costo. Así surgen excesos tales como horarios interminables, adelantar trabajo en casa los fines de semana, o decir siempre que sí, incluso ante demandas irrazonables. Esta actitud va minando de un modo silencioso la voluntad de la persona hasta que ese compromiso mal entendido se transforma en su contrario, que son el agotamiento y el desinterés, acompañados casi siempre de una cuota de cinismo. Para quien se propuso hacerlo todo y terminó exhausto, resulta casi inevitable justificar su situación con frases que expresan un mordaz escepticismo y un amargo desengaño.

Señales a tener en cuenta

Entre el entusiasmo inicial de quien cree que lo puede todo y la desazón cuando ya se es víctima del síndrome de burnout, hay una serie de señales que nos indican que estamos en peligro. Dado que los síntomas graves aparecen de modo súbito, a menudo acompañados de dolencias físicas como desmayos, ataques de pánico o migrañas, es muy importante prestar atención a estas señales antes de que sea tarde. Son las siguientes:

- Sentirse mejor en el trabajo que en cualquier otra parte. Empezamos a tomar el trabajo como el único lugar que tiene sentido para nosotros. El resto —los afectos, la vida familiar, el esparcimiento— son instancias que acompañan nuestra carrera y están subordinadas a ella.

- Angustiarse, enfermarse o deprimirse el fin de semana. La ausencia de estrés, a cuya química nos vamos haciendo adictos, nos causa malestar. Como consecuencia de esto, cuando llega el fin de semana la pasamos mal: estamos molestos e irritables, o sentimos diversos malestares físicos, o carecemos de deseo sexual, o tenemos ganas de dormir todo el día.

- Sensación de que podemos hacer más. A pesar de nuestra dedicación exagerada a nuestro trabajo, sentimos un inexplicable sentimiento de culpa. Buscamos en Google artículos acerca de cómo mejorar nuestra productividad y nos dedicamos a rediseñar, una y otra vez, la jornada laboral para aprovechar mejor el tiempo.

- Fantasías de tener otra vida. Aunque creemos tener convicciones firmes acerca de lo que estamos haciendo, nos atraen las historias de personas que dejaron todo para empezar una nueva vida. Tenemos fantasías recurrentes de tomar la decisión drástica de abandonar nuestra ocupación y la ciudad en la cual vivimos para tener una existencia reposada.

Medidas de carácter sistémico

La presencia de uno o más integrantes de una organización con señales que indican el desarrollo del síndrome de burnout indica una cultura que permite esa conducta, quizás a partir de la creencia de que es bueno que las personas “se sacrifiquen” para lograr resultados. Por eso, las medidas a tomar no deben limitarse al nivel individual sino que necesariamente deben tener un carácter sistémico.

En efecto, la persona que empieza a notar que está entrando en el círculo vicioso del burnout puede tratar de salir por su cuenta mediante un cambio de mentalidad y la aplicación de ciertas restricciones, o con la ayuda de un profesional. Sin embargo, le resultará muy arduo modificar la conducta si  la organización no corrige las pautas que hicieron posible que ese compromiso mal entendido surgiera como una opción en apariencia ventajosa. Por eso, para prevenir estos casos es necesario atenerse de manera consistente a estos criterios:

  • Evitar el favoritismo; tener reglas transparentes y un proceso justo para dar premios y decidir promociones.
  • No sobrecargar a aquellos que hacen las cosas mejor que otros.
  • Tener como objetivo explícito que todos los integrantes de la organización se dediquen a lo que hacen mejor.
  • En todos los casos, chequear si la provisión de recursos es adecuada para el cumplimiento de las tareas.
  • Salvo excepciones debidamente justificadas, respetar y hacer respetar el horario de trabajo.

Referencias

Monique Valcour, “Steps to Take When You're Starting to Fell Burned Out”, Harvard Business Review, 20/06/2016, disponible en https://hbr.org/2016/06/steps-to-take-when-youre-starting-to-feel-burned-out (consulta 07/01/2018).

Susan Telford, “10 signs you may be headed for burnout”, Thrive Global, 24/11/2017, disponible en https://www.thriveglobal.com/stories/17478-10-signs-you-may-be-headed-for-burnout?utm_content=bufferc4f44&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer (consulta 07/01/2018).

Meghan M. Biro, “Prevent Employee Burnout With These Five Tips”, HuffPost, 15/06/2016, disponible en https://www.huffingtonpost.com/meghan-m-biro-/prevent-employee-burnout-_b_10449696.html (consulta 07/01/2018).

Mauricio Cohen Salama

Mauricio es Coach Ejecutivo y consultor en Desarrollo Organizacional. Publica regularmente en el blog mauriciocohensalama.com. Es autor del libro Ser jefe/a en el siglo XXI: Conocimientos clave para tomar decisiones y mejorar el desempeño de tu equipo de trabajo, que se puede descargar gratis desde este link.

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