En los últimos años, uno de los desafíos más grandes que han tenido las empresas tradicionales es el paso a lo digital. Implica evolucionar en su cultura organizacional y en todos sus capas.
En esta nueva era muchas de las organizaciones que no se pueden adaptar no sobreviven, es muy importante desarrollar una capacidad para mutar y adaptarse a lo que proponen las nuevas tecnologías y las nuevas generaciones de consumidores.
Los paradigmas tradicionales de gestión ponen en foco a los costos, como medios para lograr una ventaja comparativa, en cambio, una organización ágil entiende que la ventaja competitiva se encuentra en entregarle un valor y calidad para marcar un diferencial en el usuario.
1- De jefes a líderes
Las estructuras verticales ya no tienen sentido, Hoy, los equipos horizontales donde todos pueden aportar ideas y no se trate de jerarquías son los exitosos. Los líderes surgen de manera natural en los equipos autoorganizados, favorecen la confianza, el compromiso y la motivación.
2- Visión sistémica
Los objetivos no se organizan por departamento, sino que apuntan a optimizar los resultados generados por la organización en su conjunto. Esto favorece a trabajo colaborativo entre las diferentes áreas ya que los objetivos son compartidos.
3- Equipos multidisciplinarios
Desarrollar en un entorno multidisciplinario a los equipos para que trabajen juntos a diario integrando las diferentes habilidades y potenciando la creatividad para generar ideas y soluciones, favorece la colaboración y el aprendizaje. Se pone en marcha la inteligencia colectiva.
4- Toma de decisiones descentralizada
Bajo el lema de visión compartida, las organizaciones ágiles permite a los equipos tomar decisiones. Sin embargo, en las tradicionales, las decisiones suelen tomarse en los niveles más altos del organigrama vertical.
Las organizaciones ágiles son hoy las que se mantienen vigentes, renovadas y pueden sostener una visión a futuro. Son aquellas que toman a las personas como parte de la organización y no como recursos, son más humanas y más conscientes. Desarrollan la confianza, el compromiso y la colaboración. Por todo esto no les costó adaptarse a la digitalización y cambios constante que devienen de la tecnología.