Cómo compartimos nuestros valores y qué imagen proyectamos.


Cómo compartimos nuestros valores y qué imagen proyectamos. - Gisel Barbieri

Si la imagen que proyectas es un tema que te interesa, te recomiendo leer esta nota. Aquí nos llamo a la reflexión sobre el impacto de nuestras opiniones, y como mujer profesional latinoamericana, invito a utilizar algunas herramientas que aprendí a través de diferentes experiencias interculturales. 

Hace unos días compartí un almuerzo junto a personas que asistieron a una capacitación, en un momento un compañero dijo “ahora las mujeres crecen profesionalmente aún cuando sus capacidades no equiparan las de su concurrente varón”. La discusión se desató inmediatamente y fue cada vez más difícil hacer preguntas para profundizar en el tema. En un momento el iniciador de la charla agregó que aquella era “la verdad”, no era su opinión, ni su verdad, era la verdad universal. Ahí ya mis ganas de hacer preguntas se terminaron de evaporar, lamentablemente. 

Más tarde, mis pensamientos volvieron a aquella conversación y a los momentos en que nos mostramos menos profesionales. Entonces retomé algunas ideas que refuerzan o potencian nuestra imagen y decidí compartirlas aquí, en pos de mejorar nuestros debates. Antes de plantear algo similar a lo del anterior párrafo sobre las mujeres (o inmigrantes o cualquier persona a quien consideres “diferente”), te invito a reflexionar sobre las siguientes preguntas: 

  • ¿Fui parte de la mesa dónde se tomó la decisión de ofrecerle el ascenso o el puesto a dicha persona? Honestamente, ¿qué tanto conozco sobre los motivos que respaldan dicha decisión? Pongamos atención en la diferencia entre haber vivido dicha experiencia y haber escuchado o leído sobre lo que sucedió.  
  • Al comparar las veces en que una mujer recibe una posibilidad de crecimiento cuando no la merecía y las veces que un hombre, bajo las mismas condiciones, recibe una oportunidad de crecimiento, ¿qué me dicen esos números y hechos? Basar nuestras opiniones sobre aspectos concretos suele demostrar mayor calidad profesional y posicionar mejor nuestra capacidad de análisis. 
  • Acerca de “esta es la verdad”, ¿aplica mi caso a todo el universo involucrado en el tema? ¿aplica sólo a un país, o una organización, o a un sector de la misma? ¿Se basa mi opinión en lo que he vivido a lo largo de mi experiencia laboral, lo que sucedió en el último año o lo que sólo sucedió una vez? La mayoría de las veces, las generalizaciones juegan en contra de nuestra imagen profesional. 
  • Si no sé (exactamente) porqué se tomó una decisión que tiene influencia en mi trabajo y me parece injusta, ¿a quién puedo consultar sobre este asunto? ¿Quién/es fueron responsables de dicho proceso? De esta manera entendemos mejor hacia dónde va la organización, cuál es la estrategia y por cuánto tiempo es válida. A quiénes no se les ofrece un ascenso o no se les contempla en un plan de retención, suelen también ser decisiones estratégicas. Esto no tiene un vínculo directo con nuestra imagen profesional, pero la información que obtenemos en estas conversaciones puede darle mayor valor a nuestra opinión y ésta sí impacta en la imagen que proyectamos. 

 

  • Una última invitación, pensemos cómo sería si nuestro grupo social estuviese en una posición de desventaja. ¿Qué reglas me gustaría que se definan en mi trabajo para ayudar a mi grupo? ¿Qué tipo de protección esperaría por parte del gobierno para garantizar una sociedad más justa? ¿Cómo me gustaría que los demás grupos sociales hablen del mío? Al ponernos en los zapatos de otras poblaciones, veremos la realidad de una manera distinta, nueva y, tal vez, entenderemos mejor sus ventajas y desventajas. 

A este análisis podríamos sumarle la presión social y cultural sobre nuestros valores y prejuicios. Ser conscientes sobre éste último punto y los anteriores suele ser complicado. A través de un acompañamiento profesional, de las preguntas correctas y de técnicas de introspección cuidadosamente guiadas, este proceso se vuelve más simple. Al obtener información sobre nuestra personalidad y comportamiento, afianzamos nuestro desarrollo en la dirección deseada.

Nadie está a salvo de los errores ni de los mensajes que arruinan nuestros intercambios, pero trabajando en equipo podemos expandir nuestro bienestar común. Por eso me gustaría contar con tu apoyo para el desarrollo colectivo e individual: si tienes otra sugerencia (comentarios y preguntas también son bienvenidas), escríbeme y mantengamos el debate abierto. 

Gisel Barbieri

Líder de desarrollo para instituciones públicas, privadas y sin fines de lucro, en diferentes partes del mundo. Hoy asesora a organizaciones y emprendedores en gestión de proyectos; así como a profesionales en desarrollo de carrera. 

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