Muchos de nosotros pasamos más tiempo en la oficina que en nuestra propia casa. Este detalle algo evidente debería hacernos replantear nuestros esfuerzos por tener conductas sustentables en el trabajo. Porque, valga decirlo, no basta con lo que la empresa proponga o no al momento de una gestión verde. Cada uno debe poner su parte para que la cotidianeidad laboral aporte a la solución y no a los problemas del planeta.
Por eso aquí les comparto algunas ideas que yo misma implementé cuando trabajaba en oficina por muchos años (previo a mi vuelta a la vida freelance):
Se puede reutilizar la misma bandeja plástica todas las veces que sea posible, lavándola y volviéndola a llevar, o bien llevar un tupper. Un pequeño gesto que multiplicado por cada comida hace una diferencia enorme.
Y dejar de utilizar los plásticos desechables. La excusa "pero si lavo los cubiertos uso agua, ¿no es preferible desecharlo que gastar un recurso no renovable?" NO es válida.
Se puede llevar lo que se compre en la mano, en el bolso o en una bolsa de tela que hayamos llevado para tal fin. Basta anticiparse un poco al momento de la compra y recordar llevar una bolsa reutilizable.
Parece algo obvio pero evitar tirar a la basura un vaso que se ha usado sólo por unos minutos hace una diferencia muy grande en el volumen total de residuos que generamos, ahorrando al mismo tiempo dinero y recursos. Volver a la cerámica o al vidrio es importantísimo.
Una moda que atrasa: las tazas de papel que se dan "to go" están recubiertas en plástico y no se reciclan. De hecho, en Inglaterra están considerando prohibirlas por completo en los próximos años, puesto que terminan en los rellenos sanitarios por millones y representan un derroche innecesario. Para disfrutar de un rico café no se necesita generar tanta basura.
O implementar el uso de envases retornables. ¿Habrá reuniones? Una jarra con agua filtrada o de bidón es más saludable para las personas y para el planeta. Si hay quien se encargue, hacer limonada o jugos naturales también es mejor opción que bebidas edulcoradas que, además, vienen en plástico o tetrabrik (éste últmo material, de más difícil reciclaje).
llevando la propia toalla de algodón de mano. Yo tenía la mía y la dejaba colgando prolijamente en la manija del cajón de mi escritorio.
El porcentaje de energía que se ahorra es bajo, aunque es otro gesto que parece ínfimo pero sirve para dar el ejemplo y que se multipliquen los buenos hábitos.
si sólo hay que subir un piso o dos, siempre que se pueda.
Si no hay sistema de reciclaje y no se separa en la oficina, animarse a investigar cuál cooperativa de recuperadores que está en la zona y proponer armar un circuito para separar los reciclables y que lleguen a buen destino.
No subestimemos el alcance que puede tener cada buen hábito que incorporamos. Y no pensemos que si los compañeros no se entusiasman ni se suman, tenemos que dejar de hacer las cosas como corresponde.
El ejemplo es una fuerza poderosa y cada acto está mostrando que el camino de cuidar al planeta y el futuro de todos es posible, es más fácil de lo que se piensa y es, por sobre todas las cosas, gratificante como pocas cosas que podamos hacer.