Manos a la obra: Cómo hacer lo que nos cuesta hacer


Manos a la obra: Cómo hacer lo que nos cuesta hacer - Mauricio Cohen Salama

Se denomina “procrastinación” el hábito de postergar acciones o situaciones que es necesario atender para sustituirlas por acciones o situaciones menos relevantes o más agradables. La noción es lo suficientemente amplia como para abarcar la incomodidad que experimentamos ante tareas que nos desalientan a causa de que requieren cierto esfuerzo físico, o nos desaniman debido a su dilatada extensión, o nos atemorizan porque las consideramos demasiado exigentes o difíciles.

Si bien existen procrastinadores crónicos, que suelen tratar el síndrome con ayuda de un terapeuta, la mayoría de las personas nos comportamos como procrastinadores eventuales. Es decir, logramos evitar la postergación de nuestros quehaceres, salvo en situaciones en las cuales nos sentimos vulnerables. A continuación vamos a reseñar las dificultades más comunes de los procrastinadores eventuales y a hacer las recomendaciones pertinentes para superarlas.

Limpiar la mente

Cuando la tarea pendiente requiere cierto esfuerzo físico, se activa en nosotros una resistencia al gasto de energía. Esta reacción espontánea, que ha pasado de generación en generación desde tiempos inmemoriales y tenía como propósito preservarnos en un ambiente siempre hostil, sigue vigente debido a que nuestra biología no ha tenido tiempo de adaptarse al confort de nuestra sociedad. Si de lo que se trata es de ordenar la casa o de pedalear media hora en una bicicleta fija, podemos aliviar el rechazo escuchando una lista de canciones que nos gustan o mirando un capítulo de nuestra serie preferida. Sin embargo, al hacer nuestro trabajo profesional rara vez tenemos oportunidad de gratificarnos de ese modo. En el contexto laboral, la exigencia física viene acompañada de requerimientos de atención y participación que coartan toda posibilidad de entretenimiento.

Teniendo en cuenta esto, el modo más recomendable para superar el trance consiste en tomarse un par de minutos para hacer un ejercicio de meditación. Esta técnica nos permitirá limpiar la mente de preocupaciones acumuladas y nos pondrá en mejores condiciones para afrontar un nuevo comienzo. Cito a continuación la descripción del ejercicio, tal como figura en mi libro Ser jefe/a en el siglo XXI:

“Consiste en estar atento al momento presente, sin dejar que el pasado o el futuro interfieran, y con una actitud de aceptación y ausencia de juicio. La práctica que recomiendo para aproximarse a ese estado es la de cerrar los ojos y contar lentamente hasta cinco mientras inhalamos, seguir hasta diez mientras exhalamos, y continuar contando hasta cien mientras inhalamos y exhalamos de cinco en cinco, sin saltear ningún número. En caso de que perdamos la cuenta, algo que suele suceder debido a las distracciones provocadas por pensamientos referidos al pasado o al futuro, volvemos a empezar desde uno hasta lograr llegar a cien sin interrupciones y tras haber realizado diez inhalaciones (de 1 a 5, de 11 a 15, de 21 a 25, etc.) y diez exhalaciones (de 6 a 10, de 16 a 20, de 25 a 30, etc.).”

Etapas breves

En otras ocasiones, no es el esfuerzo lo que nos intimida sino la extensión de la tarea, cuyos beneficios percibimos tan lejanos que nos resulta difícil comprender que algún día llegarán. Sabemos, en realidad, que al final de ese largo camino hay una recompensa esperándonos, pero nuestro cerebro, programado desde épocas ancestrales para valorar por sobre todo la gratificación inmediata, no termina de creérselo. En consecuencia, nos cuesta empezar o mantener el ritmo. Así, en lugar de avanzar a paso firme en la dirección propuesta, vamos haciendo contribuciones erráticas que nos obligan a repasar conceptos cada vez y nos impiden entrar verdaderamente en tema.

Para superar la dificultad, es conveniente diseñar un plan de trabajo por etapas relativamente breves. Conozco el caso de un escritor muy prolífico cuyas unidades de producción son de 15 minutos. Sin llegar a ese extremo, podemos elaborar un panorama general de la tarea para luego dividirla en unidades equivalentes a algunas horas de trabajo. Para reforzar nuestra predisposición a cumplir con cada etapa es muy útil fijar como premio algo que nos resulte placentero y restringir todo otro acceso a esa gratificación mientras dure el plan trabajo. Por ejemplo, si me gusta participar en una red social, solo me lo voy a permitir al finalizar cada etapa prevista.

Soy lo que soy

Cuando la tarea nos parece demasiado exigente o difícil está por lo general en juego algo que involucra nuestras capacidades profesionales y/o creativas. En este caso, lo que nos bloquea es el temor a no estar a la altura de las circunstancias. Y por más que tengamos experiencia y hayamos producido en el pasado sobradas pruebas de que somos capaces de salir airosos del nuevo desafío, las dudas pueden igualmente acumularse y la sospecha de que esta vez no vamos a dar en el clavo suele mortificarnos. De modo que postergamos el momento de encarar la cuestión y nos distraemos con asuntos vagamente relacionados o sin conexión alguna. Con ese estado de ánimo, hacemos llamadas o escribimos mails intrascendentes, nos ocupamos de cuestiones triviales o nos distraemos vagando sin rumbo por internet.

La manera más práctica de superar este bloqueo es cortarlo de raíz por medio de la resignación. Ante la incertidumbre y la angustia de tener que producir un trabajo de calidad, conviene adoptar un punto de vista fatalista que podría resumirse como sigue: soy lo que soy, ni más ni menos, así que desde mi condición, cualquiera sea su valor, voy a elaborar lo que pueda y como pueda. Acto seguido, es menester que empecemos a producir a marcha forzada y sin juzgar, activando los automatismos que hemos construido como profesionales hasta lograr una cantidad de material más o menos considerable.

No importa que en el momento tengamos la impresión de que estamos haciendo algo de mala calidad o que va en contra de algunos de nuestros criterios. El objetivo de esta práctica es romper el bloqueo para generar la materia prima con la cual haremos luego algo digno de ser presentado a otros. En una segunda instancia, ya metidos de lleno en la tarea, introduciremos el juicio crítico, las necesarias correcciones y los ajustes y replanteos, que por regla general resultarán menos problemáticos de lo que suponíamos.

Hasta aquí hemos examinado cómo afrontar situaciones que involucran esfuerzo físico, labores prolongadas o desafíos profesionales. Va de suyo que habrá casos en los cuales el mismo encargo reúne más de una o todas estas características. Dejo a criterio del lector o la lectora de estas líneas cómo combinar y dosificar las recomendaciones presentadas para lograr un cóctel adecuado, que les permita destrabar la tendencia a la procrastinación y los ponga manos a la obra.

Referencias

Caroline Webb, "Tres consejos para evitar la procrastinación", Harvard Business Review en español, 24/08/2016, disponible en https://hbr.es/gesti-n-del-tiempo/151/tres-consejos-para-evitar-la-procrastinaci-n (consulta 12/06/2018).

Kathleen McAuliffe-Zapier, “The 5 Most Common Procrastination Excuses Solved”, Fast Company, 27/06/2017, disponible en https://www.fastcompany.com/40435287/how-to-beat-every-type-of-procrastination (consulta 12/06/2018).

Monique Valcour, “Productivity Tips for People Who Hate Prodctivity Tips”, Harvard Business Review, 06/12/2017, disponible en https://hbr.org/2017/12/productivity-tips-for-people-who-hate-productivity-tips (consulta 12/06/2018).

Mauricio Cohen Salama

Mauricio es Coach Ejecutivo y consultor en Desarrollo Organizacional. Publica regularmente en el blog mauriciocohensalama.com. Es autor del libro Ser jefe/a en el siglo XXI: Conocimientos clave para tomar decisiones y mejorar el desempeño de tu equipo de trabajo, que se puede descargar gratis desde este link.

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