Trabajos inútiles: Por qué existen y cómo deshacerse de ellos


Trabajos inútiles: Por qué existen y cómo deshacerse de ellos - Mauricio Cohen Salama

Estrenada en 1999, la película Office Space, conocida en España como Trabajo basura y en América Latina como Enredos de oficina, fue convirtiéndose con los años en una referencia obligada acerca del mundo laboral y en un film de culto. Allí se narran las desventuras de tres programadores que trabajan para la empresa de software Initech y padecen el aburrimiento provocado por sus quehaceres diarios. Entre estos últimos, hay numerosas tareas completamente inútiles, que solo sirven para justificar la existencia de una burocracia dedicada a controlar su cumplimiento. A diferencia del estereotipo al que nos han acostumbrados las historias acerca de emprendedores como Steve Jobs o Bill Gates, los jefes de Initech carecen de dinamismo e iniciativa y las personas que dependen de ellos son víctimas de esa actitud autocomplaciente.

En mi tarea como coach ejecutivo me he encontrado en numerosas ocasiones con ambientes de trabajo que se parecían más al de Initech que al descrito como típico de los comienzos de Apple o Microsoft. Recuerdo, por ejemplo, el caso de un gerente de control de calidad que escribía reportes muy extensos y detallados con el propósito de que nadie los leyera, y el de un director regional que mandaba a hacer encuestas de clima laboral con respuestas sugeridas que luego no mostraba a nadie. En ambos casos, para las organizaciones en las que trabajaban era mucho más importante saber que el informe en cuestión existía que el contenido del mismo.

Utilidad de lo inútil

Uno de los factores decisivos para que se hagan trabajos inútiles es que los jefes tienen menos temor a la ineficacia que al ocio. Una oficina en la cual varias personas se distraen conversando sobre temas de actualidad o en actividades varias a través de internet provoca incomodidad y afecta la moral de quienes están ocupados. Por eso, es sin duda preferible que todo el mundo esté dedicado a algo, aunque algunas de estas tareas carezcan de sentido, que asumir abiertamente la holgazanería de quienes no están haciendo ningún aporte. Así, los trabajos inútiles cumplen la función en este caso de guardar las apariencias en beneficio de la armonía en el lugar de trabajo.

Por otra parte, hay personas que ocupan cargos de cierta jerarquía e intentan fortalecer su autoridad rodeándose de asistentes de diverso tipo. Desde secretarias que atienden unos pocos llamados por día a asesores permanentes que son consultados muy de vez en cuando, pasando por choferes que dedican la mayor parte de la jornada a matar el tiempo, estos directivos interpretan que su importancia para la organización será reconocida en la medida en que cuenten con una variedad de recursos disponibles, aunque les den a estos un uso deficitario. Para esa mentalidad, la utilidad de las horas perdidas consiste en resaltar la importancia de quien las desperdicia en los siguientes términos: qué extraordinario debe ser el aporte que hace X si se le permite malgastar en la contratación de sus colaboradores.

Un ataque a la autoestima

La preservación de un buen clima laboral o el refuerzo en la percepción acerca de la importancia de un cargo no bastan para satisfacer las necesidades de las personas condenadas a un rol intrascendente. Tal como sucede a los protagonistas de Office Space, cobrar un sueldo para hacer una contribución insignificante provoca en las personas involucradas frustración y angustia. Llegado este punto, la ficción y la realidad toman caminos diferentes. Mientras que en el film uno de los empleados cambia de actitud milagrosamente y lidera un plan para estafar a la compañía, en las oficinas reales las personas que se sienten inútiles sufren un menoscabo paulatino en su autoestima. Con el correr del tiempo, esta desvalorización puede manifestarse como depresión vinculada al trabajo y como deterioro en las relaciones sociales y familiares.

Para explicar por qué sentirse inútil puede ser perjudicial para la salud mental de los afectados, el antropólogo estadounidense David Graeber recurre a un dato extraído de la vida en las prisiones. Allí, supone Graeber con cierto fundamento, se encuentra una parte de las personas menos altruistas de la sociedad. Sin embargo, cuando se da a elegir a los prisioneros entre ver televisión o jugar a las cartas todo el día y hacer una tarea como, por ejemplo, planchar camisas en la lavandería, la gran mayoría elige hacer algo útil. Para todo ser humano, dice Graeber, hacer una contribución valiosa, incluso en condiciones desfavorables y sin retribución alguna, es necesario para conservar el respeto y la dignidad como persona.

Contrato psicológico

Una visión anticuada y estrecha de las relaciones laborales suele limitarlas a la entrega de una cantidad determinada de dinero a cambio de la promesa de cumplir con ciertas tareas o con el rol asignado por el empleador. Según este punto de vista, mientras las tareas o el rol encomendado no transgredan la legislación vigente o la moral y las buenas costumbres, las diferencias que acaso pueden surgir solo estarán referidas al monto de dinero en cuestión. Llegado a un acuerdo sobre este único punto, solo resta cumplir con las tareas o el rol, cualesquiera que sean.

En realidad, las partes de una relación laboral establecen al mismo tiempo un contrato psicológico implícito, que involucra, entre otros aspectos, los valores compartidos, el sentido de lo que se hace y la posibilidad de desarrollo personal y profesional. Al asignar a una persona un trabajo que esta percibe como inútil se transgrede ese contrato psicológico implícito, pues se la coloca en una situación vulnerable; a la vez, se desperdicia un recurso. Teniendo en cuenta esto, es recomendable adoptar medidas para reducir los trabajos inútiles, tanto en beneficio del empleado o la empleada como de la productividad de la organización.

Para deshacerse de los trabajos inútiles, es necesario en primer lugar tomar conciencia de que estos dañan a las personas involucradas y compartir con el equipo de trabajo ese enfoque. En base al acuerdo alcanzado sobre ello, conviene trabajar luego para que los integrantes del equipo señalen con total libertad las tareas inútiles y propongan cómo reducirlas o eliminarlas. Un buen complemento de estas prácticas es alentar el feedback acerca del desempeño del jefe, de manera tal de crear un ambiente de trabajo abierto y transparente. Quedan a cargo de quien conduce dos aspectos cruciales: el primero es defender la dignidad del equipo cuando “desde arriba” emanan órdenes que promueven el sinsentido; el segundo es compensar los roles menos favorecidos con tareas de mayor valor.

Referencias

Monique Valcour, “How to Eliminate Bullshit Work”, Medium, 12/06/2016, disponible en https://medium.com/@moniquevalcour/how-to-eliminate-bullshit-work-8759af02e366 (consulta 05/09/2018).

Rutger Bregman, “A growing number of people think their job is useless”, World Economic Forum, 12/04/2017, disponible en https://www.weforum.org/agenda/2017/04/why-its-time-to-rethink-the-meaning-of-work/ (consulta 05/09/2018).

 David Graeber, “What's the point of pointless jobs?”, The Globe and Mail, 18/05/2018, disponible en https://www.theglobeandmail.com/opinion/article-whats-the-point-of-pointless-jobs/ (consulta 05/09/2018).

Mauricio Cohen Salama

Mauricio es Coach Ejecutivo y consultor en Desarrollo Organizacional. Publica regularmente en el blog mauriciocohensalama.com. Es autor del libro Ser jefe/a en el siglo XXI: Conocimientos clave para tomar decisiones y mejorar el desempeño de tu equipo de trabajo, que se puede descargar gratis desde este link.

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