Creatividad: Un método para tener buenas ideas


Creatividad: Un método para tener buenas ideas - Mauricio Cohen Salama

En el post anterior vimos algunas pautas generales que favorecen la creatividad. Comentamos que es conveniente tomar conciencia de la necesidad de observar y relacionar con el propósito de lograr mejoras, y sostuvimos que una vez adoptada esa actitud toda información puede ser valiosa. Para evitar los bloqueos más habituales, recomendamos no dar prioridad a la pretensión de hacer grandes cambios, animarse a utilizar las ideas de otros, y no desechar algo que nos llama la atención y no está relacionado con el asunto que estamos tratando de resolver, pues puede tener una utilidad que en el momento no advertimos.

Ahora vamos a hacer un breve resumen de un método para generar buenas ideas y ponerlas en práctica, que fue creado en la Universidad de Stanford y se denomina “design thinking”. El design thinking parte de la premisa de que para hacer una contribución creativa es necesario establecer antes una pregunta o problema a resolver. Por eso, el primer paso consiste en hacer entrevistas a las personas vinculadas con el tema que nos interesa para enterarnos cómo piensan e intentar ponernos en sus zapatos. Al hacerlo, lograremos identificar cuáles son las dificultades que están atravesando y qué características generales deberá tener nuestra propuesta para que les resulte útil y atractiva.

La cantidad produce calidad

Luego de la etapa de investigación, es necesario que lleguemos a una conclusión que tiene la siguiente forma: Las personas X necesitan un producto o servicio Y para resolver el problema Z. En ocasiones, llegado este punto puede ser conveniente incorporar datos sobre el público al que nos vamos a dirigir (las personas X del enunciado). Para ello, podemos recopilar información sobre gustos, hábitos de consumo, tendencias culturales predominantes, y otros por el estilo.

El segundo paso consiste en generar ideas de todo tipo para alcanzar el objetivo, que en la instancia anterior identificamos como “el producto o servicio Y”. En esta etapa no importa la calidad de las ideas sino la cantidad, pues se espera que sean más de 50. Para favorecer la generación de ideas se usan descripciones como las siguientes: las ideas que tendría un chico de cinco años, las que podría proponer con recursos ilimitados, las que podría proponer sin utilizar ningún recurso, las obvias, las que se le ocurrirían a un ingeniero, las que se le ocurrirían a un artista, etc. Esto, que puede parecer algo absurdo a los no entrenados, tiene como consecuencia una gran producción de ideas, que después deberán pasar por una selección.

A partir de las 50 o más ideas elaboradas, se hacen dos listas con las tres o cuatro que resultan más prácticas y las tres o cuatro que resultan más novedosas. Por último, se eligen dos o tres ideas, que bien pueden ser la síntesis de varias de las anteriores, para pasar a la siguiente fase.

El usuario tiene la última palabra

El paso siguiente es crear versiones muy sencillas de las dos o tres ideas elegidas para que varias personas que integran el público al que está dirigido el producto o servicio nos den su opinión. Las versiones que vamos a hacer en esta etapa son de papel, cartón u otros materiales descartables, y sirven como referencia para explicar cómo va a funcionar el producto o servicio. Son prototipos muy elementales que irán acompañados de una descripción detallada de todos los elementos que los componen. Estos prototipos de escaso costo servirán para que los potenciales usuarios comprendan las características de lo que proponemos y puedan hacer comentarios.

Luego de escuchar las opiniones de varios representantes de nuestro público, elegimos para desarrollar el prototipo que funcionó mejor y le hacemos los ajustes que juzgamos necesarios en base a las entrevistas realizadas. Con esta información, nos dedicamos entonces a desarrollar la variante elegida hasta transformarla en un nuevo producto o servicio.

Pensar como un diseñador

El design thinking nos invita a pensar los problemas como diseñadores y nos entrena en la producción de decenas de ideas, de las cuales quedará en pie finalmente una, que llevaremos a la práctica. El método ha sido probado con éxito en los contextos más variados, desde iniciativas vinculadas con la asistencia sanitaria hasta la elaboración de políticas alternativas de vivienda social pasando por la aplicación en startups exitosas como Vimeo, Airbnb, Etsy y Android.

La consultora multinacional IDEO, creada para proveer innovación en productos y servicios para empresas, aplica el design thinking como metodología. Cabe destacar que IDEO ha comenzado a utilizar su experiencia en la materia en áreas como la consultoría y el desarrollo organizacional, esto es, ha empezado a aplicar el design thinking no solo para diseñar o rediseñar un producto o servicio sino toda una organización.

Además de los pasos citados en este post, el design thinking se basa en cuatro reglas básicas, que hay que tener siempre presentes. Son las siguientes: 1) toda actividad de diseño es, en última instancia, de naturaleza social; 2) quienes utilizan el método design thinking deben evitar la búsqueda de “la idea perfecta” y desarrollar, en cambio, varias opciones; 3) todo diseño es un rediseño; 4) hacer las ideas tangibles mediante prototipos favorece la comunicación y mejora, en consecuencia, la comprensión de lo que estamos haciendo.


Referencias

Tim Brown, “Design Thinking”, Harvard Business Review, Vol. 86, N° 6, Junio 2008, pp. 84-92.

Hasso Plattner, Christoph Meinel y Larry Leifer (eds.), Design Thinking: Understand, Improve, Apply, Berlín, 2011.

Photo courtesy of and copyright Free Range Stock, www.freerangestock.com

Mauricio Cohen Salama

Mauricio es Coach Ejecutivo y consultor en Desarrollo Organizacional. Publica regularmente en el blog mauriciocohensalama.com. Es autor del libro Ser jefe/a en el siglo XXI: Conocimientos clave para tomar decisiones y mejorar el desempeño de tu equipo de trabajo, que se puede descargar gratis desde este link.

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