Reinventar el trabajo: La revancha de Adán y Eva


Reinventar el trabajo: La revancha de Adán y Eva - Mauricio Cohen Salama

Hubo un tiempo en el cual Adán y Eva vivían en un mundo perfecto, con todo lo que necesitaban al alcance de la mano y una sola prohibición. Como es sabido, sucumbieron a la curiosidad. Por eso, Dios los expulsó del Paraíso y los condenó a ganarse el pan con el sudor de su frente, metáfora que por entonces servía para justificar los sacrificios y las jornadas extenuantes que debían cumplir los trabajadores para producir sus medios de subsistencia y los bienes consumidos por quienes mandaban.

El tiempo pasó, la curiosidad de Adán y Eva empezó a dar sus frutos, y el conocimiento acumulado en consecuencia se materializó en diversas tecnologías, cada vez más eficaces. Como resultado de este proceso, la jornada laboral se redujo considerablemente, el esfuerzo físico necesario para producir tiende a ser cada vez menor, y empezamos a ver numerosos casos de automatización en los cuales las máquinas se encargan de hacer buena parte de las tareas que no exigen habilidades específicamente humanas.

Trabajo en lo que me gusta

Desde el punto de vista del trabajador, una parte de los avances conseguidos se verifican en el hecho de que una cantidad considerable de personas pueden hoy dedicarse a una tarea que les agrada, que es por lo general una actividad para la cual tienen talento y que además les interesa desarrollar como parte de un proyecto personal de autorrealización.

A partir de esa motivación, muchos docentes, científicos, deportistas, abogados, arquitectos, programadores y otros se preparan durante años para ejercer una profesión que encuentran satisfactoria. Y si bien esto se considera todavía un privilegio, cada vez más resulta una exigencia de las jóvenes generaciones. Así, una de las aspiraciones de los Millennials —es decir, de los nacidos entre 1980 y 1995— es la de trabajar en algo que tenga sentido para ellos y les permita hacer una contribución a la sociedad.

En los más jóvenes, esta tendencia a dar prioridad a la vocación está con frecuencia acompañada por una actitud que el psicólogo estadounidense Robert Inglehart denominó “postmaterialista” y describió como una cultura que da mayor importancia a la interacción positiva con la sociedad que a la acumulación de bienes y al consumo suntuario.

Trabajo cómo me gusta

El psicólogo organizacional Peter Warr señaló con acierto que la ambición de trabajar en lo que a uno le gusta no puede generalizarse. Si bien no podemos descartar un futuro en el cual los robots hagan todo el trabajo poco interesante y queden para los humanos las tareas que puedan despertar una vocación, en el mundo tal como lo conocemos y como seguirá siendo por bastante tiempo, sostiene Warr, alguien tiene que hacer una serie de trabajos que seguramente no elegiría.

Teniendo en cuenta esta observación, resultó de especial relevancia un estudio realizado por las psicólogas Amy Wrzesniewski y Jane Dutton sobre varios casos en los cuales las personas a cargo de un trabajo cuyas características no eran particularmente atractivas, se encargaban además de rediseñarlo con el propósito de hacerlo más significativo e interesante. Al hacerlo, estas personas se sentían más motivadas para afrontar las tareas y, en consecuencia, mejoraban el desempeño.

Wrzesniewski y Dutton relevaron, entre otros, equipos de trabajo integrados por peluqueros, técnicos de IT (Information Technology), empleados de cocina y empleados de limpieza de un hospital. Las investigadoras comprobaron que la participación de los interesados en el diseño de la tarea había logrado el objetivo de apropiarse de la función a cumplir y de agregarle valor para darle mayor sentido.

Los empleados de cocina y los peluqueros se involucraron en los aspectos creativos de sus trabajos, los técnicos de IT generaron reuniones informales para intercambiar datos y experiencias, y el personal de limpieza del hospital incorporó la demanda y la situación de los pacientes a los criterios utilizados para llevar a cabo el trabajo. En todos los casos, la satisfacción en el trabajo no provino de una vocación previa sino de la posibilidad de intervenir y participar, esto es, de modificar la situación para trabajar a gusto.

Construir confianza

Desde los tiempos remotos de Adán y Eva hasta hace relativamente pocas décadas, quienes tenían a cargo la organización del trabajo partían de la premisa de que las personas aceptarían semejante sacrificio sólo si se las obligaba por la fuerza o se les daba una retribución material a cambio. Descartado el trabajo esclavo, el capitalismo se organizó en torno a la idea de que lo único que puede mover al trabajador es el salario.

Sin embargo, en los casos en los cuales las personas trabajan en algo que les gusta y les interesa porque tienen una vocación, la retribución pasa a ser un elemento más a considerar, junto con otras variables de igual importancia. En ese contexto ampliado, entran en juego la calidad y el tipo de trabajo a realizar, las oportunidades de aprendizaje y la posibilidad de progresar en ese ámbito laboral.

La novedad que introducen las experiencias relevadas por Wrzesniewski y Dutton es que esta manera más amplia de ver las cosas no sólo se puede aplicar a las personas que trabajan de lo que les gusta sino que también puede alcanzar a aquellas a quienes se alienta a trabajar cómo les gusta. Para lograr esa clase de compromiso es necesario construir un espacio de mutua confianza, donde empleadores y empleados sean capaces de tener un diálogo desprovisto de todo intento de manipulación. Se trata, por cierto, de un gran desafío cultural y, al mismo tiempo, de una promesa extraordinaria, ya que solo entonces la maldición bíblica quedará completamente desactualizada.

Referencias

Amy Wrzesniewski y Jane E. Dutton, “Crafting a Job: Revisioning Employees as Active Crafters of Their Work”, Academy of Management Review, Vol. 26, N° 2, Abril 2001, pp. 179-201.

Robert Inglehart y Christian Welzel, Modernization, cultural change, and democracy: The human development sequence, Cambridge, 2005.

 Barry Schwartz, Why We Work, New York, 2015.

Mauricio Cohen Salama

Mauricio es Coach Ejecutivo y consultor en Desarrollo Organizacional. Publica regularmente en el blog mauriciocohensalama.com. Es autor del libro Ser jefe/a en el siglo XXI: Conocimientos clave para tomar decisiones y mejorar el desempeño de tu equipo de trabajo, que se puede descargar gratis desde este link.

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